
Y me besó. Sentí como mi cuerpo entero gritaba de alegría. Mi corazón golpeaba con fuerza. Mis piernas temblaban. El mundo ya no existía, éramos solo ella y yo. Me sentí feliz, realmente feliz, ya nada importaba. Mis manos la acariciaban, buscaban recorrer todo su cuerpo. El beso se hizo eterno y hermoso. Deseaba que nunca acabe, pero acabó. Nuestros labios se alejaron. Abrí los ojos, me encontré con su mirada triste, y su boca que decía: “Lo lamento, pero no sentí nada”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario