
Cuando la besé por primera vez, sentí como si los ángeles estuvieran acariciando mis labios, fue la mejor sensación que he tenido en mi vida. Tal vez porque fue nuestro primer beso, no lo sé, pero eso realmente no importa. Cuando dejamos de besarnos, me convertí en una persona ambiciosa, lo único que quería era más, volver a sentir sus labios contra los míos, volver a sentirme completo. Mientras la abrazaba y pensaba en todas estas cosas, me di cuenta de algo que cambiaría mi forma de pensar: Ella era todo para mí, ella era mi mundo. El pensar eso me llenó, al mismo tiempo que me vaciaba. Quien diría que el mejor momento de mi vida me revelaría lo que sería mi debilidad por el resto de los días.
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