domingo, 13 de octubre de 2013




-¡Ya no puedes decirme qué hacer, Travis! ¡No soy tuya!


En el segundo que tardó en volverse hacia mí, su cara se había retorcido en una mueca de ira. Se abalanzó sobre mí, clavando las manos sobre la cama y acercándose a mi cara.

-¡Pues yo sí que soy tuyo! - Se le hincharon las venas del cuello al gritar, pero yo le devolví la mirada, negándome a dejarme amedrantar. Me miró a los labios, jadeando - Soy tuyo - susurró, mientras su ira se desvanecía al darse cuenta de lo cerca que estábamos.

Antes de pensar en una razón para no hacerlo, le agarré la cara y pegué mis labios a los suyos. Sin dudar, Travis me abrazó. 
(…)




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