jueves, 24 de mayo de 2012

Solo tú sabes el motivo de mi sonrisa - Capitulo 13



Capítulo 13:


-Buenos días alumnos - Dijo el director al entrar en nuestra clase, era raro que el director viniese, debía de ser algo importante - Mañana haremos el festival del instituto, deberíamos haber avisado antes, pero tuvimos problemas y no sabíamos con certeza cuándo sería así que ahora vendrá Lidia, que es la que prepara el festival y os explicará todo. _______, esta vez, quiero que cantes. 

Todo el mundo se gira hacía mi. Yo miro al director, avergonzada.


-No... El año pasado ya no me atreví, y este menos.

-¿Por qué no? Háblalo con Lídia, ella me ha dicho que sabe una manera para que cantes y esa vergüenza se vaya.

Lidia, era una de las profesoras que mejor me caían, era muy simpática y joven. Sabía lo que nos gustaba y siempre estaba atenta a lo que nos pasaba para podernos ayudar. El director sabía que me podía ayudar y yo, estaba segura de que también, aunque no me gustaba la idea de volver a cantar, no podía.

La última vez que canté, al principio lo hice bien, pero la cosa cambió cuando Sonia, la popular del instituto paró la música en medio del estribillo y... claro, sin música ni nada que acompañe a mi voz pues, quedaba fatal. Todo el mundo empezó a reírse y yo salí del escenario, muy avergonzada. No he vuelto a cantar en público a pesar de que Tamara y Miriam me han dicho mil veces que debo superarlo y seguir cantando.

Cuando el director se marcha llega Lídia, nos explica que habrá bailes, magia, chistes, actuaciones con instrumentos y canto. Después de que explique todo, llega la profesora de Mates. Lídia me dice que salga de clase que tiene que hablar conmigo. Me lo suponía. Aunque mejor, porque no me gustan las mates.

Vamos a la sala de profesores y nos sentamos cada una en una silla al lado de la mesa que ocupa casi toda la sala para poder hacer las reuniones. 
-Vamos a ver, _______. ¿Por qué no quieres cantar? - Me pregunta.
-Por lo de hace dos años...
-Pero, sabes perfectamente que eso ya ha pasado y que Sonia no te va a molestar.
-Bueno, pero es que... Me da mucha vergüenza.
-Es normal, aunque, tengo una idea... - Me dice formando una sonrisa.
-¿Que idea? - Pregunto con curiosidad.
-Es una sorpresa.
-Vamos, Lídia, ¡dímela! - Le ruego, intrigada. Odio las sorpresas aunque cuando veo lo que eran me encantan, si son buenas, claro.
-Mañana la tendrás, quiero que mañana cantes, ¿sí? Creo que esa sorpresa te ayudará bastante, estoy segura.
-Bueno... Depende de la sorpresa.
-¡Ya te digo yo que acabarás cantando! Y ahora, vuelve a clase que aunque no te gusten las mates, tienes que estudiar.
-Sí... Hasta luego Lidia y gracias.

Después de las clases salimos, son la una y media, ya no hay clase. Travis sale a la una así que seguro que ya habría llegado hacía rato. Me apresuro con Tamara y Miriam a bajar las escaleras para no hacerle esperar más. Al llegar abajo lo veo apoyado en la moto, esperándome con la cabeza mirando hacía el suelo. 
-¡Allí está ______! - Me dice Miriam riendo, dándome golpecitos en el brazo.
-¡Y ahora te está mirando! - Informa Tamara.
-Chicas, tengo ojos, ¡no estoy ciega! 

Se ha dado cuenta de que estoy a unos metros de él con las chicas. Tamara y Miriam me piden que les presente. Nos acercamos a Travis que me espera con su sonrisa de siempre. Aunque esa sonrisa se borra cuando nos besamos de nuevo. 

-Hola, pequeña. - Me dice al acabar el beso.
-Hola, amor. - Le saludo formando una sonrisa y sintiendo como su mano roza la mía, cogiéndola suavemente.
-Oye, ¡que estamos aquí, tortolitos! - Interviene Miriam.

Reímos los dos. Les presento a las chicas a Travis y luego ellas se marchan. Antes de subir a la moto empezamos a hablar.
-¿Sabes dónde podemos ir? - Me pregunta.
-¿Dónde? 
-Podemos ir a mi casa. Así te presento a mis padres y nos bañamos en la piscina, que es climatizada. 
-¿Tienes piscina climatizada?
-Bueno... Digamos que mis padres tienen pasta.
-¿Ahora tengo un novio rico? - Le pregunto, sonriéndole.
-Que sepas que a mí no es que me guste mucho, eh...
-No, claro. ¿Y la moto tampoco? - Vuelvo a preguntarle riendo y mirando la moto en la que está apoyado mientras me coge de la cintura.
-Dejemos la pregunta en el aire y sube a la moto.

Me río al ver que no quiere contestar la pregunta, y él también. Me da el casco y yo me lo pongo. Subimos a la moto y él arranca. Yo voy cogida a su cintura, apoyando mi cabeza en su espalda. Cuando nos paramos en un semáforo Travis me coge de la mano. Me encanta, me siento segura con él a mi lado. Cuando el semáforo se pone en verde acelera la moto aunque ahora sé, que después de soltar mi mano para acelerar, la sonrisa no se le borra de la cara y a mí tampoco. Es lo que tiene estar enamorada.




No hay comentarios:

Publicar un comentario