Capítulo 3:
Llego a casa, son las siete de la tarde. Me
conecto al Facebook, intento buscar a alguien que se llame Travis y que viva en
Barcelona. Nada, hay muchos. Y aunque mire la foto, puedo equivocarme
fácilmente. Además, ¿por qué me emociono tanto con ese chico? Decido parar de
buscar. Me preparo la cartera y cotilleo en el Facebook. Ya es tarde, me pongo
el despertador a las seis y me voy a dormir.
Al día siguiente me despierto, me levanto contenta,
algo raro en mí ya que, los lunes me levanto de mal humor. Pero hoy no. Me hago
una ducha rápida, me visto con unos tejanos y una camiseta marrón, de cuello
alto, simple pero moderna. De zapatos me pongo unos botines, también marrones.
Me seco el pelo y me aliso el flequillo que tengo
de lado. Le pongo un poco de espuma para que no se me encrespe mucho y me hago
la raya de los ojos. Ya son las siete. Mis padres se despiertan y con ellos, el
dormilón de Blacky, que en cuanto me ve mueve la cola y viene corriendo, dándome
los buenos días.
-¿Que haces arreglada tan pronto? - Me pregunta mi
madre, mientras se hace un café.
-Es que no tenía sueño - Miento.
-Pero si hoy es lunes hija, sé perfectamente que
los lunes no hay quien te levante.
-Pues hoy sí. Lo ha conseguido el despertador.
¿Algún problema?
-No, ningún problema.
En ese momento entra mi padre en la cocina, dando
los buenos días y también preparándose un café.
-Si que te has arreglado hoy ____, si solo vas a
pasear al perro, ¡cualquiera diría que has quedado con alguién! - Mi padre
parece un adivino, intento reaccionar rápido.
-¡Pero que dices papá! - Después de ver como se ríe,
miro la hora en el móvil, ¡mierda! ¡Las siete y veinticinco! - ¡Me voy, no tengo
tiempo!
Me pongo la chaqueta a toda prisa y también la
correa a Blacky. Me cuelgo la mochila a la espalda, cojo las llaves y la tarjeta del metro. Antes de que pueda abrir la puerta escucho a mi madre
decirme que a las ocho estará en el parque, esperándome para llevarse a Blacky
y yo poder irme a clase.
Antes de cerrar la puerta escucho perfectamente un
trozo de la conversación de mis padres:
-Seguro que a quedado con alguien, sino, ¿Por qué
se iría a toda prisa si solo tiene que pasear a Blacky? - Pregunta mi padre a mi
madre.
-A esta edad te puedes imaginar de todo. Después
cuando vaya a buscarla miraré a ver si hay alguién allí.
Cierro la puerta, cojo a Blacky para bajar las
escaleras más rápido conteniendo mis nervios. ¡A qué llego tarde! Salgo de mi
bloque y me dirijo hacía el parque, estirando a Blacky, sabiendo que en el
parque estará mejor. Llego al parque, las siete y treinta y uno. Le quito la
correa a Blacky, que en cuanto esta suelto empieza a correr. Camino por el
parque, buscándolo. Pero no lo encuentro.
En ese momento siento unas manos que me tapan
los ojos y una voz que me susurra algo en mi oído. Una sonrisa se dibuja en
mi cara...
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